¿Quién es mi prójimo?

Una pregunta que siempre ha estado presente en la historia de la humanidad es “¿Cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas?” O, en otras palabras, “¿qué quiere Dios que yo haga?” Esta pregunta ha sido respondida de diversas maneras a lo largo de la historia, donde encontramos diferentes manifestaciones religiosas como los sacrificios humanos, sacrificios de animales, ofrendas de las cosechas,  ofrendas económicas, danzas rituales, cantos rituales, flagelaciones, bautismos, etc.

Sin embargo, todo eso constituye legalidades. Por lo que en una ocasión un intérprete de la ley, bastante conocedor de esas leyes, le preguntó a Jesús: «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? ».

Básicamente la pregunta no estaba dirigida hacia cuál es el mandamiento que abarca todos los mandamientos, sino cuál es la esencia de la ley. En otras palabras, ¿qué es en sí lo que quiere Dios al prescribir tanta ley? Y Jesús, conociendo muy bien la ley, le responde de acuerdo a lo que dice en Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas». Esta historia está consignada en Mateo 22:34-40.

Pareciera que todo estuviera clarísimo hasta ese entonces, pero en otra ocasión otro intérprete de la ley se le acerca a Jesús con la misma preocupación, preguntándole: « Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?». A lo que Jesús le dice: «usted ya conoce la ley, ¿qué está escrito ahí? ¿Qué entiendes?» Efectivamente el intérprete le cita la ley, de igual manera en que Jesús la citó, es decir, aludiendo a los pasajes de Deuteronomio y Levítico. Jesús le aplaude su conocimiento y le dice: «muy bien, haz esto y vivirás». Sin embargo, el intérprete parecía no tener tan clara la respuesta y le pregunta a Jesús por lo evidente, que al parecer no era tan evidente: «¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?»

Pregunta que hemos menospreciado por el contexto en que se encuentra, pero que adquiere total relevancia cuando revisamos las diferentes interpretaciones que se han dado del prójimo en la historia. He querido resumir las diferentes interpretaciones en cuatro grupos, pero más allá de lo afortunada o infortunada que pueda ser mi agrupación, el objetivo es mostrar qué entiende Jesús por prójimo.

Así que les invito a que lean conmigo LUCAS 10:25-37

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?

Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

¿QUIÉN ES EL PRÓJIMO?

Es interesante notar que Jesús no responde a la pregunta del intérprete sobre ¿quién es mi prójimo? Por el contrario, Jesús responde a la pregunta ¿quién es el prójimo? Dejando notar que la preocupación no gira en torno a cómo se relaciona la sociedad conmigo. La pregunta por ¿quién es mi prójimo? Es una pregunta centrada en el «yo», en el individuo. Como si todo girara alrededor de mí. En su respuesta Jesús hace un giro semántico donde no importa quién es MI prójimo, sino quién es EL prójimo. Lo cual puede significar un giro en la misma ley «Amarás a tu prójimo». Pero no me quiero adelantar, primero veamos qué entiende Jesús por prójimo, para después analizar algunas consecuencias de su propuesta.

Para comprender quién es el prójimo, es necesario revisar ampliamente (es decir, sin entrar en detalle) quién no es el prójimo. Para ello he agrupado cuatro concepciones sobre quién no es prójimo, para recopilar después lo planteado y desde ahí poder definir quién es el prójimo.

¿QUIÉN NO ES EL PRÓJIMO?

  1. En primer lugar, podemos afirmar que EL PRÓJIMO NO ES EL ESPIRITUALOIDE (Para mayor comprensión leer Lucas 9:28-36)

  2. En segundo lugar, podemos afirmar que EL PRÓJIMO NO ES EL RELIGIOSO (Para mayor comprensión leer Mateo 23:2-3; Santiago1:26-27)

  3. En tercer lugar, podemos afirmar que EL PRÓJIMO NO ES EL QUE SIGUE LA LEY (Para mayor comprensión leer Lucas 18:18-23)

  4. En cuarto lugar, podemos afirmar que EL PRÓJIMO NO ES EL QUE SIGUE LAS BUENAS COSTUMBRES (Para mayor comprensión leer Lucas 10: 38-42)

Como hemos podido ver, se puede concluir que el prójimo no es el espiritualoide, el religioso, el legalista o el que sigue las buenas costumbres. Por lo que, siguiendo el mandato «Amarás a tu prójimo», podría concluir que no debo amar al espiritualoide, al religioso, al legalista o al que siga las buenas costumbres. Tal conclusión podría ser válida, si Jesús estuviera respondiendo a la pregunta ¿quién es MI prójimo? Sin embargo, Jesús no está respondiendo tal pregunta, Jesús está respondiendo a otra pregunta que se podría formular como ¿quién es EL prójimo?

Aquí hay un giro inesperado en la conversación. A Jesús le preguntan una cosa, pero responde otra. ¿Por qué hace Jesús esto? Porque él sabía muy bien que los judíos sólo consideraban como prójimo a sus compatriotas que se caracterizaban por su espiritualidad, su religiosidad, su legalidad y sus buenas costumbres. Pero con la parábola lo que hace es desmontar toda esa concepción del prójimo que tenían los judíos. De pensar «el prójimo es el que es como yo», «el prójimo es el próximo», «el prójimo es el que está cercano a mí, a mis intereses, a mis preocupaciones, a mis creencias», Jesús nos plantea todo lo contrario. Para este planteamiento voltea la torta y le pregunta al intérprete de la ley: «¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?»

Asumiendo el mismo significado etimológico de la palabra prójimo, como próximo, Jesús pregunta sobre quién fue el prójimo, es decir, quién estuvo próximo al que cayó en mano de los ladrones. Por lo que, aunque el significado de la palabra prójimo se mantiene, su sentido varía; pues ya no se mira desde la perspectiva «mía», sino desde la perspectiva del «otro». ¿Quién es el prójimo de quién? De donde se extrae que si el prójimo es quien se acerca, quien se aproxima; la preocupación no debería estar centrada en «yo», sino en el «otro». ¿Quién se aproxima a mí? No es lo importante, sino si yo me aproximo al otro. Por lo tanto, Jesús plantea que:

EL PRÓJIMO ES QUIEN TIENE COMPASIÓN/MISERICORDIA

  • Se relaciona con los demás, extraño o no.

  • Aplica lo que predica.

  • Va más allá de la ley.

  • Va más allá de las buenas costumbres.

La respuesta de Jesús, en boca del intérprete, fue que el prójimo es el misericordioso. Por ende,  usando el lenguaje de Jesús utilizado en otros textos, podríamos decir que Jesús está diciendo algo como: «oíste que fue dicho: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero yo os digo: serás prójimo». En este sentido, Jesús está afirmando que para obtener la vida eterna no hay que amar al que es próximo, al que es como yo, sino hay que aproximarse al otro, al diferente a mí. Sólo cuando el otro, y el otro que sufre, es el centro, es que estamos cumpliendo la voluntad de Dios. EL CENTRO NO SOY YO, EL CENTRO ES EL OTRO.

Esto no significa que no deba amar al prójimo, lo que significa es que amar al prójimo es muy sencillo. Eso lo hace todo el mundo. Pero ser prójimo no es tan sencillo. Acercarse al que no es como yo no es sencillo. Sin embargo, cabe aclarar que hay una característica que menciona el texto sobre el otro que es de suma importancia: «El otro es quien tiene necesidad». Porque la misericordia no se tiene hacia el que está bien en su comodidad, por el contrario, se tiene hacia el que sufre.

Hay mucho sobre lo que se puede seguir reflexionando sobre el texto, sin embargo, creo que por el día de hoy es suficiente señalar que el prójimo es quien tiene misericordia, el que se compadece del otro. Y la pregunta de reflexión para todos es: «¿Estoy siendo prójimo?», «¿Soy misericordioso?», y si lo soy, «¿cómo estoy demostrando la misericordia?».

@DanielTapiero

Daniel Andrés Tapiero Triana

Teólogo, Maestrante en Filosofía