La careta de la santidad

Septiembre 3 de 2011

Pasaje bíblico: Levítico 10

Después  que Dios terminó de explicarle a Moisés cómo debían ofrecerse las ofrendas (6:8 al 7:38), y después que Aarón y sus hijos fueron consagrados a él como sacerdotes y ofrecieron sus primeros sacrificios (capítulo 9) sucedió algo inesperado, algo que no debió haber sucedido nunca.

 ¿Qué hicieron Nadab y Abiú delante de Dios? (10:1).

Ellos eran sacerdotes de Dios ¡pero solo en apariencia!

Tenían todo el aspecto exterior de sacerdotes; cualquiera que los miraba podía identificarlos fácilmente:

  • Pertenecían a la familia de los sacerdotes.
  • Habían sido escogidos y ungidos como sacerdotes
  • Vestían las túnicas blancas sacerdotales, símbolo de pureza y santidad.
  • Habían puesto sus manos sobre la cabeza del animal del sacrificio identificándose con él.
  • Ofrecieron ofrendas delante de Dios en el Tabernáculo.

¡Eran privilegiados entre todo el pueblo al poder servir a Dios! Podían hacer lo que millares del pueblo jamás llegarían a hacer. Ocupaban un lugar de honor y privilegio ¿quién podía dudar de ellos?

Pero el corazón de Nadab y Abiú no era santo; aunque tenían toda la apariencia de la santidad pero no lo eran en lo absoluto.

Dentro del Tabernáculo de Dios ofrecieron un fuego extraño. Le ofrecieron a Dios un tipo de ofrenda que él nunca les había mandado ofrecer. Probablemente, ambos estaban pasados de alcohol y quisieron “jugar a ser sacerdotes”. ¡Pobres tipos! No tuvieron en cuenta que Dios no juega con las cosas santas.

…El final ya lo conoces.

 

¡Piénsalo!

  • ¿Cómo estás viviendo?
  • ¿Con apariencia de cristiano dentro de la iglesia o como un adolescente y joven auténticamente comprometido con Jesús aún fuera de las “blancas paredes“?
  • ¿Estás ofreciendo delante de Dios las ofrendas que Él desea recibir: gratitud, confesión sincera de pecados, alabanza y adoración, sujeción a tus autoridades, oración, fe en su Palabra?
  • ¿O tu ofrenda es un “fuego extraño” de desobediencia, de quejas y enojos, de pecados ocultos, de mezclar lo santo con el mundo, de apariencias?
  • ¿Valoras el privilegio que tienes de ser un hijo de Dios y un sacerdote delante de Él?
  • ¿Valoras el privilegio de poder servirlo?
  • ¿Lo sirves con un corazón limpio y agradecido?
  • ¿Renunciarías a tus “apariencias” para comprometerte totalmente con Él?

Es el momento de  recuperar realmente quienes debemos ser, tomar decisiones radicales, y vivir  una vida en santidad para Dios.

@JhonSneider

Jhon Sneider González

Teólogo